El Final de la Era de la Iglesia, ... y Después
Aprendimos que la escasez de tres años y medio del tiempo de Elías terminó con fuego del cielo consumiendo el sacrificio preparado por Elías en el Monte Carmelo. Sabemos que esto representaba el juicio de Dios sobre Cristo. También vimos, de una manera similar, el juicio cayendo sobre los 450 profetas de Baal quienes representaban a Satanás. ¿Pero qué sucedió inmediatamente después de esta experiencia espantosa de juicio? Leemos en I Reyes 18:44-45:
A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Vé, y dí a Acab: Unce tu carro y desciende; para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel.
Igualmente, a continuación de la
resurrección de Cristo, hubo una gran lluvia. No, no se trató de una lluvia física,
literal. Fue el agua, la lluvia del Evangelio produciendo una abundancia de
fruto espiritual. La estación de la lluvia temprana pentecostal había
comenzado.
Esta estación hubo de continuar por más de 1950 años,
y su propósito fue traer la cosecha Pentecostal de los primeros frutos.
Comenzó en serio el día de Pentecostés. Durante ese
grande y maravilloso día, el Espíritu Santo fué derramado. Es decir, Dios Espíritu
Santo estaba en medio de la congregación, aplicando el mensaje del Evangelio
predicado a los corazones y vidas de quienes fueron elegidos para salvación. La
promesa de Juan 14:17 de que el Espíritu Santo estaría “en vosotros” (es
decir, entre ustedes), se hizo realidad. La consecuencia fue que en esa tarde
Pentecostal, cerca de 3,000 fueron salvos.
Esta consecuencia de personas siendo salvas estaría en
evidencia doquiera hubiese alguna predicación razonablemente fidedigna de la
Palabra. Debemos definir la predicación razonable como aquella que no era
perfecta (solamente Jesús fue el predicador perfecto), pero como mínimo estaba
dentro del marco de la Biblia, siendo ella sóla y en su totalidad la Palabra de
Dios. Esta situación de gente siendo salva continuaría por más de
1950 años y terminaría solamente cuando el trabajo de las iglesias fuera
finalizado.
Más adelante, veremos que el trabajo de enviar el
Evangelio al mundo fue finalizado durante el tiempo de la Gran Tribulación.
En los primerísimos años de esta estación espiritual
de la lluvia temprana Pentecostal, el templo en Jerusalén aún era usado por la
iglesia primitiva Neotestamentaria. Pero luego de unas pocas décadas, la Biblia
no habla más de la Iglesia Neotestamentaria teniendo relación alguna con el
templo. La realidad es que el templo fue completamente destruido en el año 70
D.C. En lo que a las sinagogas se refiere, con excepción de la sinagoga de
Berea (Hechos 17:10-12), estas no tendrían nada que ver con reconocer a Jesús
como su Salvador.
La transición del templo y las sinagogas fue muy traumática. Los líderes espirituales se llenaron de ira con quienes dejaron las sinagogas para seguir a Cristo. Muy rápidamente su ira causó que Esteban fuera apredreado hasta la muerte por los líderes del templo. Además, uno de los Fariseos llamado Saulo de Tarso, quien más adelante llegó a ser el apóstol Pablo, traía a los Cristianos, que habían dejado las sinagogas, para ser muertos si no se arrepentían. Leemos en Hechos 8:3-4:
Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel. Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio.
La enemistad de los líderes de la sinagoga contra la iglesia del Nuevo Testamento logró dos cosas. Primero, causó que todos los creyentes en Cristo fueran echados de las sinagogas. En segundo lugar, arrojó a la tierna iglesia Neotestamentaria fuera de Jerusalén hacia toda Judea y aun a países fuera de Israel. Esto ayudó grandemente a la iglesia primitiva a llevar a cabo el mandato de Cristo de ir a todo el mundo con el Evangelio. La enemistad de los líderes de la sinagoga fue tan intensa que después que Saulo de Tarso fue salvo, ellos contínuamente trataron de matarlo.
Por este medio, Dios efectivamente hizo un
rompimiento total entre la estación lluviosa temprana de justicia, cuando el
enfoque espiritual era sobre el templo y las sinagogas, y la estación temprana
Pentecostal, cuando el enfoque fue sobre las iglesias y las congregaciones que
estaban completamente fuera e independientes de las sinagogas. Ya nunca más los
creyentes verdaderos se encontrarían en las sinagogas. Antes que la Biblia
fuera siquiera completada, ya siete iglesias habían florecido. Leemos de ellas
en Apocalipsis capítulos 2 y 3. Por ese tiempo, la era de la iglesia estaba
bien establecida.
En preparación para la era de la iglesia, la cual hemos
aprendido que se identifica totalmente con la lluvia temprana Pentecostal y su
cosecha de primeros frutos, Dios escribió los primeros cuatro libros del Nuevo
Testamento, Mateo, Marcos, Lucas, y Juan. Estos libros proporcionaron norma tras
norma para la era de la iglesia. Una actividad sobresaliente en la cual las
iglesias tenían que comprometerse durante la era de la iglesia fue la
evangelización del mundo. En preparación, los doce apóstoles al igual que los
70 fueron entrenados en esta actividad al ser enviados de dos en dos con el
Evangelio.
Jesús dio instrucciones concernientes al carácter y
naturaleza del Día de Reposo Dominical que fue instituido la mañana del
Domingo cuando Jesús se levantó de los muertos. Dios recalcó que todas las
leyes ceremoniales del Antiguo Testamento fueron terminadas al romperse en dos
el gran velo que separaba el lugar Santísimo del lugar Santo. Esto señaló que
todas las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento, las cuales señalaban hacia
algún aspecto del Evangelio, habían sido completadas por Cristo quien es la
esencia misma del Evangelio.
Mientras
la Biblia estaba siendo completada, Dios puso muchas normas que tenían que ser
observadas a través de toda la era de la iglesia. Tenía que haber supervisión
espiritual por ancianos y diáconos. Las calificaciones de estos ancianos y diáconos
eran muy detalladas. Normas concernientes a ofrendas y adoración congregacional
fueron establecidas. Dos nuevas leyes ceremoniales fueron introducidas en las
iglesias. La primera fue el bautismo por agua y la segunda fue el servicio de
comunión.
Debido a que la tarea principal de la era de la iglesia
fue la evangelización del mundo, mucha más información fue introducida dentro
de la Biblia mientras se escribía el Nuevo Testamento. Esto incluyó cosas tan
importantes como la descripción de la naturaleza de la salvación, la autoridad
de la Biblia y cómo debe interpretarse; la relación de los creyentes con
Cristo, y la relación de Cristo con Dios el Padre y con el Espíritu
Santo.
Cuando
consideramos la tarea asombrosa de evangelizar el mundo, la cual Dios asignó a
los verdaderamente salvos durante la estación de la lluvia temprana
Pentecostal, podemos entender a lo menos algunas de las razones por qué Dios
estableció las iglesias de la manera que lo hizo. Debemos recordar que por lo
menos durante los primeros 1400 años aproximadamente de la era de la iglesia,
no hubo imprenta. Por tanto, las únicas Biblias que estaban disponibles eran
manuscritas y extremadamente pocas en número. La mayoría de la gente era
analfabeta. Por consiguiente, Dios estructuró la era de la iglesia de manera
tal que la gente analfabeta pudiera ser servida con el Evangelio. Hombres
competentes que pudieran enseñar (es decir, que tenían acceso a las Escrituras
y podían leerlas y estudiarlas), fueron nombrados como ancianos, diáconos,
evangelistas, y pastores. Ellos tenían que ser los medios por los cuales la
Palabra escrita de Dios podría ser enseñada a la gente de la congregación.
Después que cada congregación fue establecida, hombres
competentes fueron enviados de esa congregación a establecer otras. Dios
detalla esto en Hechos 13, donde leemos de Pablo y Bernabé siendo enviados como
misioneros de la iglesia que había sido establecida en Antioquía de Siria.
A medida que las iglesias fielmente llevaron a cabo las
normas establecidas en la Biblia para la era de la iglesia, la gente que asistió
a la iglesia fue puesta bajo el cuidado espiritual de quienes tenían la
vigilancia de la congregación. Al mismo tiempo, esta evidencia externa del
reino de Dios en el mundo se extendió hasta las tierras distantes de manera que
por el tiempo cuando la era de la iglesia llegó a su fin, las iglesias habían
sido establecidas en un altísimo porcentaje de ciudades y aldeas a través de
todo el mundo.
Fue la buena voluntad de Dios continuar este método de
alcanzar al mundo con Cristo hasta que puso firmemente en vez de ello la
capacidad de los creyentes para alcanzar continentes enteros por horas cada día
con el Evangelio verdadero. En otras palabras, Dios guió a los hombres a
establecer la comunicación a nivel mundial por radio, por Internet, por
transmisión vía satélite, etcétera. Examinaremos este fenómeno más
completamente en el Capítulo 9 de este estudio.
Simbólicamente, Dios se refiere a las iglesias de la era
de la iglesia como el templo, como Israel, como Jerusalén, y como Judá. A
menos que entendamos esto, un número de pasajes que nos ayudan a entender los
tiempos y las estaciones permanecerán obscuros. Por consiguiente, antes de
continuar este estudio, miraremos los versículos que establecen este
simbolismo.
En primer lugar, la Biblia identifica claramente a los
creyentes verdaderos como Judíos en el sentido espiritual. Esa es la razón por
qué, alternativamente, los identifica como el templo, Israel, Jerusalén, y
Judea. Todas estas entidades originalmente se identificaron solamente con los
Judíos. En Romanos 2:28-29, Dios declara:
Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.
En estos versículos importantes, Dios está mostrándonos que a los ojos de Dios un Judío verdadero no es un descendiente de sangre de Abraham, mostrándolo por medio de la circuncisión física, sino un verdadero Judío según la definición de Dios es alguien que ha sido circuncidado en el corazón. Es decir, sus pecados han sido quitados. Eso significa que un verdadero Judío según la definición de Dios es alguien que ha llegado a ser salvo. Esta verdad está reforzada por el lenguaje de Gálatas 3:7:
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
Abraham fue el progenitor de la nación
física de los Judíos. En este versículo Dios está reiterando lo que ya leímos
en Romanos 2:28-29, que un verdadero Judío es alguien que ha comenzado a
confiar en el Señor Jesús.
Para asegurarnos que entendemos esto, la Biblia declara
en Gálatas 3:26-29:
Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.
En este pasaje, Dios está indicando que todos y cada uno de los creyentes, ya sean físicamente Judíos o Gentiles, son descendientes espirituales de Abraham, haciéndolos de esta manera espiritualmente Judíos. Esto es fácilmente entendido si reconocemos que quienes creen son hijos de Dios, tal como leemos en Romanos 8:14:
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
Como hijos de Dios somos hijos de
Cristo quien en Su carne fue hijo de David, hijo de Abraham (Mateo 1:1). Ya que
Cristo es hijo de David quien fue Judío, y nosotros somos hijos de Cristo,
entonces nosotros los salvos somos también hijos de David, y por tanto, también
somos Judíos.
Ahora podemos entender por qué Jesús identifica a los
creyentes con el templo, con Israel, con Jerusalén, y con Judá. Todas estas
son entidades totalmente identificadas con Jesús.
Por tanto, aprendamos en primer lugar, lo que la Biblia
dice de los creyentes como templo. En I Corintios 3:16, leemos:
¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
El contexto de este versículo comienza en el versículo 9, donde leemos:
Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.
La fundación del templo se indica en el versículo 11:
Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
Los bloques de construcción que forman este templo se indican en el versículo 12:
Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca.
Debería ser inmediatamente claro que los creyentes verdaderos son tipificados por el oro, la plata, y las piedras preciosas. Ellos son piedras vivas que son edificados en una casa espiritual (I Pedro 2:5).
Por otra parte, la madera, heno, y
hojarasca deben relacionarse con los miembros de la iglesia que todavía no son
salvos. El fuego no destruye el oro o la plata, pero el fuego destruye
totalmente la madera, el heno, y la hojarasca. De esta manera, la Biblia está
enseñando que el templo espiritual es una casa espiritual representando las
iglesias y congregaciones, pero dentro de esas iglesias hay personas que son
realmente salvas (oro, plata, y piedras preciosas), y aquellas que no son salvas
(madera, heno, y horajasca).
Las iglesias que han existido a través de toda la
estación de la era de la iglesia también son tipificadas como el Israel
espiritual. En Gálatas 6:16, leemos de creyentes que ellos son el Israel de
Dios. En Apocalipsis 7, Dios habla de 144,000 de todas las tribus de Israel que
fueron sellados (Apocalipsis 7:4). La Biblia entonces nombra 12,000 de cada una
de las 12 tribus de Israel, pero la tribu de Dan no se nombra. Una tribu tuvo
que permanecer sin nombrarse porque en la realidad, hubo 13 tribus. Hubo12 hijos
de Jacob que llegaron a ser cabezas de las tribus, pero a José le fueron dadas
las dos tribus de Efraín y Manasés, quienes fueron los hijos de José. Por
tanto, el número total de tribus fue 13.
Por consiguiente, cuando Apocalipsis 7:4 habla de
144,000 de todas las tribus de Israel, es inmediatamente claro que las 12
tribus nombradas son realmente la plenitud total del Israel de Dios, el cual
incluye a todas las iglesias de la era de la iglesia. Los números 12,000 y
144,000 representan simbólicamente la plenitud de todos aquellos que serían
salvos en la estación de la lluvia temprana Pentecostal de la era de la Iglesia
del Nuevo Testamento.
Podría observarse que los 144,000 son presentados en
Apocalipsis 14 como aquellos que tienen el nombre de su Padre escrito en sus
frentes (Apocalipsis 14:1), ellos fueron redimidos de la tierra (Apocalipsis
14:3), y son las primicias (Apocalipsis 14:4). Recuerde que aprendimos antes en
este estudio que las primicias o primeros frutos
son la cosecha de la lluvia temprana Pentecostal.
Más adelante en este estudio, miraremos la importancia
de la declaración de que estos 144,000 fueron sellados.
De estas mismas doce tribus se habla en Santiago 1:1:
Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.
Estas doce tribus son también llamadas primicias o primeros frutos, en Santiago 1:18:
El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.
Hemos aprendido hasta aquí que los
miembros de las iglesias y congregaciones a través de toda la era de la iglesia
son tipificados como un templo espiritual y por un Israel espiritual consistente
de 12 tribus. La razón por la que el libro de Santiago habla de “primicias”
es que este libro está enfocado particularmente sobre aquellos dentro de la
congregación durante la estación de la era de la iglesia. Desde luego, cada
uno de los libros de la Biblia son para todos los creyentes, incluyendo a
aquellos salvos durante la lluvia tardía. Sin embargo, el libro de Santiago se
centra particularmente sobre aquellos dentro de las iglesias durante la estación
de la era de la iglesia. Su lenguaje áspero es para ayudar a aquellos en las
iglesias a examinar si son verdaderamente salvos. También leemos la acusación
de aquellos que están en las iglesias como “adúlteros y adúlteras”
(Santiago 4:4). Los no salvos dentro de las iglesias todavía están en
fornicación espiritual contra la ley de Dios (Romanos 7:1-3). Así, Dios provee
el libro de Santiago como una advertencia particularmente para aquellos dentro
de las iglesias. Con esto en mente, podemos ver por qué Santiago 1:18 fue
escrito en esta forma.
También sabemos que los miembros de las iglesias y
congregaciones fueron tipificados por Jerusalén y Judea. En Apocalipsis 21:2
leemos:
Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.
Este versículo está hablando del
cuerpo completo de creyentes, quienes a través de toda la eternidad futura
somos llamados la nueva Jerusalén.
En Gálatas 4:25-26, la Biblia habla de una Jerusalén
presente:
Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.
El contexto muestra que la Jerusalén actual consiste de individuos que todavía se encuentran en la esclavitud espiritual. Es decir, no han llegado a ser salvos aunque Dios los llama una Jerusalén. Pero estos versículos también hablan de la Jerusalén de arriba. Esta Jerusalén solamente puede referirse a quienes han venido a ser salvos. Leemos en Efesios 2:4-6:
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.
En principio, los verdaderos
creyentes estamos sentados en lugares celestiales con Cristo aunque vivimos
sobre esta tierra sirviendo como embajadores de Cristo. De esta forma, el cuerpo
de creyentes en la tierra está formado de la Jerusalén de arriba (aquellos que
son salvos), y de la Jerusalén que ahora es (aquellos que piensan que son
salvos pero que todavía se encuentran en la esclavitud del pecado). Estos
individuos forman las iglesias y congregaciones. Por tanto, las iglesias son
espiritualmente llamadas Jerusalén.
Así, vemos un paralelo cuando Dios habla de las
iglesias como templo y como Jerusalén. En el templo aquellos que fueron salvos
fueron llamados oro, plata, y piedras preciosas. Son llamados la Jerusalén de
arriba. Sin embargo, también en el templo hay quienes son llamados madera,
heno, y hojarasca. Son llamados la Jerusalén que ahora es.
Las iglesias también son llamadas Judea porque Jerusalén
era la capital de Judea. Leemos en Lucas 21:20-21:
Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.
Estos versículos vinculan a Jerusalén y a Judea. Al continuar en este estudio, consideraremos muy cuidadosamente estos versículos.
Hubo un grave problema que continuó a través de toda la era de la iglesia. Ya estaba en evidencia unas pocas décadas después del comienzo de la estación de lluvia temprana Pentecostal. Ese problema era la falta de fidelidad a las enseñanzas de la Biblia. Dios nos habla acerca de esto en Apocalipsis, capítulos 2 y 3, donde la Biblia habla de las siete iglesias que florecieron aun antes de que se completara la Biblia.
Leemos en el relato Bíblico, acerca de la
condición espiritual de esas congregaciones, que ya la iglesia en Éfeso había
perdido su primer amor. Amar a Dios es guardar sus mandamientos (Juan 14:21,24).
De esta manera, ellos ya estaban comenzando a enseñar doctrinas que no eran
fielmente basadas en la Biblia. Así que Dios les dice que si no se arrepienten,
El quitará sus candeleros. Si su candelero es quitado, significa que no hay luz
del Evangelio verdadero que salga de esa iglesia. Se habrán convertido en una
iglesia muerta.
El hecho es que, la iglesia de Sardis ya se había
convertido en iglesia muerta, aunque algunos creyentes verdaderos eran todavía
parte de ella (Apocalipsis 3:1).
Dios estaba casi listo para vomitar de su boca a la
iglesia de Laodicea (Apocalipsis 3:16). La iglesia de Tiatira estaba perturbada
por una mujer espiritualmente adúltera que Dios llamó Jezabel (Apocalipsis
2:20). La iglesia en Pérgamo había permitido obrar dentro de la iglesia a un
grupo malvado llamado los Nicolaítas.
En efecto, estos fueron los tipos de problemas que ha
existido en las iglesias a través de toda la era de la iglesia. A veces se
volvió esto tan malo, que las iglesias fueron
totalmente eliminadas. Las siete iglesias de Apocalipsis, por ejemplo, cesaron
finalmente de existir. Sin embargo, a razón de que las iglesias fueron el método
de Dios para evangelizar al mundo, nuevas iglesias serían establecidas del
mismo modo que otras cesaron de funcionar. Dios en su misericordia y paciencia
continuó usando las iglesias como Su medio para introducir el Evangelio en el
mundo.
El hecho es que la situación espiritual
que prevaleció a través de toda la era de la iglesia en muchas maneras se
asemejó a la situación que prevaleció durante los 344 años que Judá existió
como nación. Judá tenía sus lugares altos. Estos eran lugares pequeños de
adoración construidos en una colina conveniente. Pero quien allí era adorado
no era Jehová. Eran lugares donde dioses falsos eran adorados. De esta manera,
Judá se estaba comprometiendo en prostitución espiritual.
Aun cuando reyes fieles y temerosos de Dios reinaron,
con dos excepciones, los lugares altos nunca fueron quitados de la tierra de
Israel. Dios disimuló este obvio adulterio espiritual, pero les advirtió que
llegado el momento, les traería juicio sobre Israel y Judá motivado por la
existencia de aquellos lugares altos. Al continuar con nuestro estudio,
miraremos esto más cuidadosamente.
En forma asombrosa, la misma situación ha prevalecido a
través de toda la era de la iglesia. Doctrinas que fueron sostenidas y enseñadas
por las iglesias que no eran fieles a la Biblia eran el equivalente a aquellos
lugares altos del Antiguo Testamento. Esto es cierto porque cualquier doctrina
eclesiástica que es obedecida por los miembros de la iglesia es un acto de
adoración del que ordenó que esta doctrina fuera obedecida. Cuando obedecemos
los mandamientos de Dios, es una indicación que estamos rindiendo nuestra
voluntad a aquél que pidió obediencia a ese mandamiento. Así, si la
congregación obedece doctrinas que fueron diseñadas en las mentes de teólogos
de la iglesia, y aquellas doctrinas no vienen de la Biblia, entonces en un
sentido verdadero, las mentes de aquellos teólogos están siendo adoradas. La
obediencia a esa falsa doctrina viene a ser el equivalente a un lugar alto del
Antiguo Testamento.
Asombrosamente, Dios ha dejado pasar estos
lugares altos espirituales que han existido a través de toda la era de la
iglesia. A pesar de ellos, por más de 1950 años, Dios usó iglesias
defectuosas para hacer la obra de Dios de alcanzar a los elegidos con el
Evangelio.
Es cierto que a veces durante esta estación de la
lluvia temprana Pentecostal, la cual llamamos la era de iglesia, la condición
espiritual de las iglesias fue muy débil. Pero otras veces, se escribieron capítulos
gloriosos en la historia de la iglesia cuando los creyentes estuvieron
dispuestos a ser quemados en la estaca en vez de ser infieles a su Salvador.
Sin embargo, de la manera como la estación del Antiguo
Testamento de la lluvia temprana de justicia terminó en tres años y medio de
oir la Palabra de Dios, el cual fue también un tiempo que se identificó con
juicio severo, así también la era de la iglesia terminó con un tiempo
simbolizado por tres años y medio durante los cuales también hubo una escasez
intensa junto con el juicio de Dios. Examinaremos cuidadosamente este triste
hecho al continuar con nuestro estudio.